MILWAUKEE JOURNAL SENTINEL
18 de Noviembre, 2001 La Orquesta de Cámara Kremlin cubre todos los estilos con gracia
Por ELAINE SCHMIDT | Especial para el Journal Sentinel
Es que no hay nada que la Orquesta de Cámara Kremlin no pueda hacer bien?
La orquesta, un grupo de 16 cuerdas bajo la batuta del director Misha Rachlevsky, ofreció un programa que abarcaba continentes enteros, siglos y géneros en el Wisconsin Lutheran College la noche del viernes. Los músicos tocaron con gracia, estilo y encanto.
El grupo se puso en marcha con el "Divertimento" de Mozart en Re Mayor. El Allegro de apertura y el Presto final volaron en tempos imposibles. Pero los tempos eran constantes, con arcos ligeros y fraseo remarcablemente en unísono. Un Andante expresivo, lleno de fluidez y gestos amplios, completó la pieza.
Después vino el golpetazo de Shostakovich con la Sinfonía de Cámara, un cuarteto de cuerdas arreglado por Barshai para orquesta. Shostakovich creó declaraciones de emoción distinguidas y poderosas en cada uno de los cinco movimientos de la pieza. Los músicos conectaron todas estas declaraciones a través de las primeras notas de cada movimiento.
Pero el coro y la orquesta hicieron que los grandes estribillos en el principio y en el clímax sonasen contundentes. El esfuerzo del coro al cantar expresó ferozmente el entusiasmo de las masas ávidas de sangre generando mucha electicidad. El barítono Russel Franks cantó con resonancia pero su torpeza mató el efecto. Exceptuando los fluidos solos de flauta, ambas aportaciones de la orquesta a las arias fueron toscas -especialmente los dominantes oboes que completaron con Pudwell- e insípidas.
A Rachlevsky le gusta ir directamente de Shostakovich al Contrapunctus N? 1 de Bach de El Arte de la Fuga. El Bach, tocado con elegancia y dignidad, fue por una parte un tónico para el inquieto Shostakovich, y por otra, igual de poderoso.
El Concertino para Violín y Orquesta de WPal Jardanyi fue tocado elocuentemente por el maestro Vladislav Bezroukov. Fue seguido por una lectura maravillosamente equilibrada de la Serenata para Cuerdas de Dvorak. Rachlevsky y el grupo captaron el sentimiento ligeramente amoroso de la pieza sin lapsus demasiado dulzones.
Este es un grupo de unaa disciplina remarcablemente estricta y de expresividad gruardada en la manga. La combinación es totalmente irresistible. Rachlevsky lo dirigió todo de memoria excepto el Jardanyi y sin podium. En constante comunicación con los músicos, usa la batuta como herramienta opcional. Indicará los cambios de tiempo o clarificará los ritmos con truco con ella, pero entonces la abandonará para usar las dos manos para dar forma a las frases.
Todos sus gestos están unidos a la música con precisión, y el grupo los sigue al instante.
La orquesta se mueve como una única voz incluso en los pasajes más difíciles. Son unos músicos sobresalientes tocando en una unidad sobresaliente.