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HARBINGER

20 de Febrero, 2001

Crítica de la Orquesta de Cámara Kremlin
Por el dr. FRANK CLARK

Desde la emocionante estructura de la Sinfonía de Cámara de Shostakovich, opus 110a a los compases relativamente tranquilos de la Serenata para Cuerdas en Mi menor de Dvorak op 22, la Orquesta de Cámara Kremlin proporcionó un amplio abanico de posibilidades. El domingo, el Laidlaw Performig Arts Center fue el lugar perfecto para la presentación de la Mobile Chamber Music Society con un increíble concierto de orquesta de cuerdas. El fondo de madera rico y moderno del escenario imitó perfectamente los diferentes ambientes ofrecidos por el Maestro Misha Rachlevsky, director musical de la Orquesta de Cámara Kremlin

> La Sinfonía para Cuerdas op. 110a de Shostakovich fue definitivamente el punto culminante de la hora y 45 minutos del concierto. La pieza de cinco movimientos, originalmente Cuarteto de Cuerdas N? 8 pero arreglado por Barshai con la aprobación de Shostakovich, fue formidable. Se escribió en tan sólo 3 cortos días en Dresde, el octubre de 1960 con la dedicatoria "En memoria de las víctimas del fascismo y de la guerra". La orquesta fue totalmente fiel y expresó el sello autobiográfico de Shostakovich. La pieza recorrió la gama completa de colores e intensidades desde la sombra de la tragedia en el primer Largo, a la infame KGB llamando a la puerta en el cuarto movimiento, y en la final aceptación del destino en el Largo final. La técnica fue soberbia en todo momento: los pasajes cromáticos se tocaron como uno sólo en el violonchelo; la secciones en pizzicato (cuerda punteada) estuvieron perfectamente al unísono; el dinamismo de las cuerdas más graves al tocar en la tastiera o cerca del puente fue excepcional; y, raramente he oído antes una finura y un compromiso así por parte de las violas como demostraron las de la Orquesta Kremlin. Las misteriosas escalas tocadas entre los primeros y los segundos violines fueron magníficas y la frase de tres notas en el cuarto movimiento, que algunos confundieron con disparos, otros con los golpes a la puerta de la KGB, fue explosiva. Uno no tuvo ninguna pregunta que proponer cuando esos sonidos del destino fueron proferidos. Estuve de acuerdo con el Maestro Rachlevsky sobre que después de una presentación tan dramática un aplauso hubiese sonado incómodo. Inmediatamente tocó el Contrapunctus N? 1 de Bach del Arte de la Fuga-quizás la tensión dejó que el oyente y el músico "restaurasen su equilibrio interior."

La segunda mitad del concierto fue programada mucho más corta y como más ligera; quizás para acomodarse ante los cuatro bises requeridos con tanto entusiasmo. La Serenata para Cuerdas en Mi menor de Dvorak fue interpretada ingeniosamente y fue un excelente escaparate del contrapunto y de la imitación. Personalmente, hubiera preferido Mendelssohn o Strauss para equilibrar más esta segunda parte pero estoy seguro que la receptividad de la audiencia y la capacidad de aguante de los músicos era lo que más importaba al Maestro Rachlevsky.

El director, el Maestro Misha Rachlevsky, fue educado con el método del Conservatorio de Moscú. Es evidente en sus excelentes interpretaciones y en su sutileza con la batuta que su entrenamiento como violinista ha sido sólo mejorado por su tenencia de un arco más corto. Su atención por el detalle fue impresionante al dirigir con la mano izquierda o al prescindir del uso de la batuta pero siempre con un propósito. Fue maravilloso ver a un director usar la mano izquierda no sólo como espejo de la derecha o para reforzar bajones sino para expresar información musical. El Maestro Rachlevsky lleva todas las necesidades administrativas y de programas para el grupo. Su grupo relativamente joven de músicos pasa a través de un arduo proceso de audición, que incluye tocar con el grupo durante 3 o 4 semanas. Él dijo que una vacante, que ya de por sí es extraña, puede tardar de 3 a 6 meses a ocuparse adecuadamente; él tiene la última palabra en el asunto.

El día siguiente el grupo también tocó para los estudiantes de la Mobile County PACE. Los niños dirigieron y hablaron con los miembros de la orquesta para deleite de todos. El dr. Bob Wermuth, profesor de música en la Universidad de South Alabama fue muy instumental (perdón por el juego de palabras) en brindar a los estudiantes con esta única oportunidad. Em el mundo de hoy de comunicación instantánea y de a veces desconfianza instantánea, la Orquesta Kremlin marcó la diferencia. Ilustró que incluso vivamos y trabajemos en diversas culturas y bajo distintos gobiernos todos estamos viviendo la misma experiencia humana.

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