

6 de Marzo, 2000
La Cámara rusa complementa el arte
Es famosa la sugerencia de Ronald Reagan de, como cambio cultural entre las superpotencias, ser los Estados Unidos la sede de grupos como el Ballet del Bolshoi y a la vez enviar a los Beach Boys a la Unión Soviética.
Juzgando el primer o dos primeros conciertos de la Orquesta de Cámara Kremlin en el Portland Art Museum parece que hemos conseguido el mejor reparto posible.
La orquesta, compuesta de 18 músicos de cuerda, todos graduados en el Conservatorio de Moscú y en la Academia de Música Rusa, está en Portland en conjunción con la exhibición de Stroganoff del museo. La actuación del domingo puede que no haya sido tan bien trabajada como algunas de las obras expuestas, pero estuvo muy cercana.
Bajo la dirección del fundador y director de orquesta Misha Rachlevsky, el conjunto abrió el programa con una juvenil sonata de Rossini. El nuevo auditorio Whitsell del museo casi se reventó puramente por el volumen.
El humor cambió de un modo impresionante con la transición a la Sinfonía de Cámara op. 110a de Dmitri Shostakovich. La pieza es mejor conocida en su versión original como Cuarteto de cuerdas n? 8, un trabajo doloroso altamente autobiográfico ya que incorpora material de anteriores obras.
Rachlevsky dirigió una irresistible interpretación de ella, sin escatimar la intensidad de sus secciones más feroces, pero lo que fue más interesante fue la manera que escogió para completarla. Es la clase de pieza que se sigue mejor con silencio, ya que su efecto se estropea con los aplausos, pero Rachlevsky se había dado cuenta de que el público exigente que se abstiene de aplaudir es más fácil decirlo que hacerlo. En su lugar, fue directamente a una versión orquestal del Contrapunctus N 1 de Bach del "Arte de la Fuga", la cual, después de Shostakovich, asume el desorazonador aspecto de la pérdida a la vez que retiene una atmósfera de esperanza y belleza.
Deberían invitar a la Orquesta de Cámara Kremlin a volver con más frecuencia. Quizás pordríamos persuadir a los rusos a coger, digamos, a Britney Spears, en su lugar.
JAMES McQUILLEN
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